Εἴ τι καλὸν μανθάνουσιν οἱ νεανίαι ἐν τῇ ψυχῇ αὐτὸ φυλάττουσιν.



lunes, 9 de febrero de 2026

 Corrección verbos:

    ᾔτει: 3ªsg.imperf.ind.act. de αἰτέω

    ἠλαύνετο:3ªsg.imperf.ind.med-pas. de ἐλαύνω

    σκηνήσουσι: 3ªpl.fut.ind.act. de σκηνέω

    φοροῦσι: 3ªpl.pres.ind.act. de φορέω

    ἔθεον: 1ªsg/3ªpl.imperf.ind.act. de θέω

    ἐτέκνωσε: 3ªsg.aor.ind.act. de τεκνόω

    ἀκούουσι: 3ªpl.pres.ind.act. de ἀκούω

    ὑπώπτευε: 3ªsg.imperf.ind.act. de ὑποπτεύω

    παρείη: 3ª sg. pres.opt.act. de πάρειμι

    παρεῖναι: infin. pres.act. de πάρειμι


DIÁLOGO DE HÉCTOR Y ANDRÓMACA

 DIÁLOGO ENTRE HÉCTOR Y ANDRÓMACA

Esta escena es una de las más emotivas de la Iliada escrita por Homero, situada en el

Canto VI. Nos muestra a nuestros dos personajes: Héctor, príncipe troyano, conocido

también como el de tremolante casco y su esposa Andrómaca, la de níveos brazos

Para contextualizar, la guerra de Troya se encuentra en un momento de crisis, el bando

aqueo cada vez perdía más soldados por la retirada de Aquiles tras su desacuerdo con

Agamenón. Héctor, como principal defensor de Troya, regresa a la ciudad para pedir a

su madre que organice rituales y ofrendas a la diosa Atenea para que proteja la ciudad

y frene a los enemigos. Allí se encuentra con su esposa e hijo, Andrómaca y Astíanacte

en la muralla, y ella, angustiada por haber perdido a su padre y a sus hermanos a

manos de Aquiles, le suplica que no vuelva al combate porque teme quedarse sola y su

hijo huérfano. Mientras Héctor, aunque profundamente conmovido y consciente del

destino trágico que aguarda tanto a Troya como a su familia, le dice que su deber y su

honor como guerrero y príncipe no le permiten huir, pues se sentiría avergonzado ante

los troyanos y ante sí mismo, aceptando que el destino decidirá su muerte. Se despide

de su hijo con un tierno gesto, besando su sien, se despide de su adorada esposa y

empieza a encaminarse a las puertas de la ciudad.

DINAIRA

ENFRENTAMIENTO AQUILES Y AGAMENÓN

 Enfrentamiento de Aquiles y Agamenón

El enfrentamiento entre Aquiles y Agamenón surge durante la guerra de Troya, es El eje central

de la Ilíada de Homero, la cual comienza narrando este conflicto en el canto 1.

Este conflicto comenzó cuando Agamenón,rey de los aquos,obtuvo como botín de guerra a

Criseida,hija del sacerdote de Apolo.Desesperado por recuperar a su hija,Crises acudió a las

naves aqueas para suplicar que le devolvieran a su hija. Sin embargo, Agamenón se negó ya que

no quería renunciar a su botín y echó al sacerdote con desprecio.Crises ofendido por el trato

recibido le pidió al dios Apolo que castigara a los dioses,y este dios respondió enviando una

peste que fue acabando con los griegos uno tras otro.

Ante esta situación, Aquiles reunió a los griegos en una asamblea para averiguar la causa de la

ira de Apolo.Para eso consultaron al adivino Calcante,quien antes de revelar el motivo,pidió

protección a Aquiles ante la posibile reacción de Agamenón.Tras Calcante explicar el origen de la

peste,Agamenón se vio obligado a devolver a Criseida.Pero Agamenón para no quedarse sin

recompensa decidió arrebatar a Briseida,esclava de Aquiles.Esta acción despertó la ira en

Aquiles, que lo llevó a abandonar el campo de batalla.

Tras el abandono de Aquiles,los aqueos comenzaron a perder batallas,lo que hace que

Patroclo,amigo de Aquiles, decidiera ocupar el lugar de Aquiles en la batalla.Esto hizo que

Patroclo perdiese la vida y Aquiles vuelva al campo de batalla a vengar la muerte de su amigo

Patroclo.

Iria Bermúdez Agra 2oBac-B

 MUERTE DE PATROCLO

El bando aqueo lleva nueve años luchando contra los troyanos cuando al principio del décimo

año tiene lugar el episodio de la cólera de Aquiles, narrado en la Ilíada homérica. La causa de

esta cólera es el agravio inferido por Agamenón, quien le quita la esclava Briseida a Aquiles, su

recompensa de guerra, y que provoca que este se retire de la lucha. Patroclo, hijo de uno de los

argonautas Menecio, es el cuidador y compañero de armas del Pélida Aquiles. Forjaron una

amistad inquebrantable tras ser enviado el Menecíada a Ftía por su padre cuando era niño.

Ambos eran como uña y carne, manteniéndose unidos hasta los últimos momentos.

Tras el retiro del combate de Aquiles en la guerra de Troya, Patroclo acompaña al Pélida en su

salida. El Menecíada es enviado a informarse sobre quién de los aqueos había sido herido y ahí

es cuando ve con sus propios ojos que los aqueos están siendo brutalmente acosados y heridos en

la batalla. Al regresar al campamento intenta sin éxito persuadir al Pélida de que vuelva al

combate. Sin embargo, sí consigue convencerlo después de que fuese él quien saliese a combatir

con sus armaduras imitando su presencia. El de pies ligeros acepta, mas con la promesa de que se

limitará a alejar a los troyanos de las naves y que no tratará de acabar él solo la guerra. Así,

Patroclo se dirige a la batalla y, tras dar muerte a varios troyanos, ignora la recomendación de

Aquiles. Eufórico por el poder de estar cubierto con las armas del más poderoso, intenta tomar

los muros de Troya. Es ahí cuando el dios Apolo alienta a Héctor a luchar y enfrentarse a

Patroclo. El Menecíada es atacado primeramente por Apolo por la espalda, una segunda vez por

Euforbo Pantoida y finalmente asediado por Héctor, quien le robará todas sus armas.

Todo esto ocurre en el canto XVI de la Ilíada, y desemboca en la vuelta de Aquiles a la batalla

para vengar a su preciado amigo. Consecuencias de ello, pues, serán la muerte de Héctor a

manos de Aquiles en venganza. Finalmente, en el canto XXIII se celebrarán unos juegos

fúnebres en su honor.

JESSICA CLAUDIA GONZÁLEZ GÓMEZ.

EL HÉROE HOMÉRICO

 El héroe homérico en La Ilíada El héroe homérico que aparece en La Ilíada no es únicamente un guerrero excepcional, sino la encarnación de un sistema de valores propio de una sociedad aristocrática y guerrera. A través de figuras como Aquiles y Héctor, Homero construye un modelo humano dominado por la búsqueda de excelencia, el honor y la gloria, pero también por pasiones intensas y conflictos internos que lo hacen profundamente trágico. El héroe pertenece siempre a la nobleza y representa la areté(ἀρετή), es decir, la excelencia tanto física como moral. No se trata solo de fuerza bruta, sino de destacar por encima de los demás en todos los ámbitos: en el combate, en el consejo y en la palabra. Aquiles es el ejemplo más claro: ningún guerrero puede igualarlo en el campo de batalla, y su sola presencia inclina el destino de la guerra. Esta superioridad justifica su posición privilegiada dentro del ejército aqueo y explica la gravedad del ultraje que siente cuando Agamenón le arrebata a Briseida, su géras(γέρας), la porción de botín que materializa su honor. El honor (τιμή) es un valor esencial para el héroe homérico y está estrechamente ligado al reconocimiento público. Perderlo supone una humillación insoportable, incluso más grave que la muerte. Por ello, Aquiles prefiere retirarse del combate antes que aceptar una deshonra, aun sabiendo que su ausencia traerá desgracias a los suyos. Frente a él, Héctor representa otra faceta del heroísmo: aunque es consciente de que morirá a manos de Aquiles, no huye, pues hacerlo significaría deshonrarse ante su ciudad y su familia. En ambos casos, el héroe actúa movido por un código moral que exige mantenerse fiel a su reputación.El objetivo último del héroe es alcanzar el kléos (κλέος), la gloria imperecedera que garantiza la memoria eterna. Aquiles conoce su destino: puede elegir una vida larga y oscura o una muerte temprana acompañada de fama inmortal. Su decisión de volver al combate tras la muerte de Patroclo confirma que la gloria pesa más que la propia vida. De este modo, el héroe acepta la muerte como precio necesario para trascender el tiempo.Las relaciones personales también definen al héroe homérico. La amistad entre Aquiles y Patroclo revela un vínculo profundo de lealtad y afecto, cuya ruptura desencadena la furia más devastadora del poema. El amor conyugal aparece en Héctor y Andrómaca, escena que humaniza al guerrero y subraya el sacrificio que implica su deber. El héroe homérico, sin embargo, no domina sus pasiones. La cólera de Aquiles es el motor de la Ilíada: una emoción desmedida que provoca destrucción y sufrimiento. Esta falta de control contrasta con su grandeza y refuerza el carácter arcaico de una moral donde el exceso emocional no es censurado, sino asumido como parte de la condición heroica.Por último, los dioses intervienen constantemente en la vida del héroe, protegiéndolo o perjudicándolo según sus intereses. Aquiles cuenta con la ayuda de Tetis y de Hefesto, mientras que Héctor es abandonado por los dioses en el momento decisivo, recordando que incluso el héroe más noble está sometido al destino. Así, el héroe homérico en La Ilíada se presenta como una figura grandiosa y contradictoria: fuerte y vulnerable, gloriosa y trágica, reflejo de una sociedad que exaltaba la excelencia y aceptaba la muerte como camino hacia la inmortalidad del recuerdo.

CANDELA

domingo, 8 de febrero de 2026

La muerte de Héctor

    La muerte de Héctor, que tiene lugar en el canto XXII de la Ilíada, es sin duda uno de los pasajes más destacados de la obra, y el que propiciará el final de la misma. Héctor, hermano del príncipe Paris, es el guerrero más fuerte del bando troyano; su muerte a manos de Aquiles dejará prácticamente indefenso a su pueblo. 

 Para entender el ensañamiento y la sed de venganza de Aquiles con el caudillo teucro, hay que remontarse a la muerte de su mejor amigo, Patroclo. Mientras Aquiles y sus mirmidones permanecían recluidos en el campamento por la injuria que le había proferido Agamenón a su líder, Patroclo suplica que le dé permiso para ir a apoyar a sus compañeros, a los que ve sufrir en el frente. Aquiles accede, pero con la condición de que vuelva cuanto antes, tras ahuyentar a los enemigos poniéndose la armadura del propio Aquiles. Patroclo desobedece las órdenes y, al aventurarse a las puertas de Troya envalentonado, se convierte en el objetivo primero de Apolo y luego de Euforbo. Es Héctor quien acude de último a rematarlo, aún viéndolo herido de muerte. Entonces Patroclo, mientras exhala su último aliento, le profetizará una terrible muerte a manos de Aquiles, convencido de que este vendría a vengarlo. 

  Efectivamente, tras conocer la noticia de la muerte de Patroclo, Aquiles renuncia a la cólera para encaminarse a Troya con el único objetivo de dar muerte a quien le había arrebatado a su mejor amigo. Los dos héroes se encuentran a las puertas de Troya para consumar el combate singular que debe acabar con la muerte de uno de los dos. En primer lugar, Héctor le pide a Aquiles respeto por el cadáver del que resulte muerto, que el ganador debe entregar a sus respectivos familiares, pero el Pelida lo rechaza rotundamente, cegado por la ira. Seguidamente, Héctor echa a correr temeroso por su vida, un acto que no demuestra cobardía, sino la humanidad de la que dota Homero a sus héroes. Con la ayuda de Apolo, el troyano consigue dar tres vueltas completas a la muralla de Troya sin ser alcanzado por el veloz Aquiles. A la cuarta vuelta y ante semejante situación, Zeus decide pesar las vidas de ambos guerreros y concluye que es Héctor quien debe morir. Es entonces cuando Apolo retira su ayuda al Priámida y Atenea desciende para apoyar a Aquiles. La diosa se metamorfosea en uno de los hermanos de Héctor, Deífobo, y lo convence de enfrentarse a Aquiles. Inmediatamente comienza una batalla de lanzas en la que Héctor advierte el engaño de la diosa. Aquiles, ayudado por Atenea, consigue atravesar el cuello de Héctor con su lanza. Él suplica una vez más que su cuerpo sea devuelto a su familia pero, ante la negativa del Pelida, le advierte que en un futuro morirá a manos de Apolo y Paris. Tras morir, acuden varios aqueos y, entre todos, se ensañan con el cadáver del troyano. Después, Aquiles ata el cuerpo a su carro por medio de unas correas que le atraviesan los tobillos, continuando con la deshonra al cadáver. Doce días permanece el cuerpo sin vida de Héctor a la intemperie y expuesto a los animales, sin embargo, no sufre ningún daño, pues Apolo lo unta con ambrosía en compensación. Príamo, padre de Héctor y rey de Troya, se acerca en persona a las naves aqueas y ofrece un rescate por el cadáver de su hijo. Aquiles se muestra reticente, pero Príamo suplica amargamente y al final acaba cediendo, conmovido por la valentía del anciano rey troyano y por el recuerdo que este le trae de su propio padre, Peleo. Homero demuestra una vez más que sus héroes no son meros personajes tipo, sino seres humanos que en muchas ocasiones actúan dejándose llevar por sus emociones.

GIULIA 

sábado, 7 de febrero de 2026

Ao fío da Ilíada

  Ao fío da Ilíada que estamos lendo este trimestre, déixovos estas dúas reflexións interesantes:

"Los héroes homéricos son, como todos los héroes, bellos y audaces, pero siempre a la medida humana, incluso cuando son hijos de un dios y una mortal (como Sarpedón), o de una diosa y un mortal (como Aquiles o Eneas). Todos deben sufrir y deben morir, hasta el propio Aquiles, aunque la Ilíada no nos lo cuente. En cierto sentido, se podría decir que los héroes homéricos no son héroes al modo tradicional, sino que han cobrado el sentido de personajes literarios. Aquiles no es un superhombre. Su cólera acarreará muchas desgracias a sus compañeros. Es apasionado y capaz de cometer errores".

"Algunos se han planteado el problema de si la Ilíada y la Odisea relatan hechos ocurridos en otro tiempo, es decir, si son históricos o no. La verdad es que desde que Schliemann excavó Micenas y la propia Troya, la idea de que contengan un núcleo histórico no resulta inverosímil. La guerra de Troya seguramente tuvo como objeto fines expansionistas en época micénica. La Odisea, por su parte, refleja el mundo mítico y legendario de los navegantes por el Mediterráneo".